SIGUIENDO LA HUELLAS DE LA HISTORIA DE LAS ROZAS

¿Sabes por qué el parque de las Javerianas se llama así? ¿Y que en la calle Real había una fuente con un pilón? Los niños y niñas de 4º, 5º y 6º del colegio Siglo XXI sí. Y lo saben porque han salido a las calles de nuestro municipio a constatar las huellas de la historia.

El Camino Escolar de Las Rozas, el AMPA y el CEIP Siglo XXI, con la inestimable ayuda de la Asociación Histórico Cultural Cierzo, han organizado esta maravillosa experiencia en la que los alumnos han recorrido las zonas del antiguo Colegio, la Calle Real, el parque de las Javerianas, la plaza del Ayuntamiento, la Iglesia, Regiones Devastadas… para ver cómo era antes y lo que queda de todo ello (que algo queda, y lo vemos cada día aunque no reparemos de la historia que lleva encima).
 Lo primero fue documentarse. Y gracias al historiador Javier Calvo la cosa fue de lo más interesante. ¡Qué anécdotas! Y sobre todo, ¡qué fotos! Las mismas que luego llevaron los niños, junto a un plano, para localizarlas in situ. Sobre la acera, y haciendo un ejercicio de imaginación, descubrieron, por ejemplo, cómo los rebaños de las ovejas transitaban por la cuesta de San Francisco (llegó a haber 6.200 ovejas para 518 habitantes).

 

 

Y de fondo, el antiguo monasterio de Las monjas Javerianas, que ya no está, y en su lugar “han crecido” unos bloques de pisos. Pero al acercarnos al parque… sí que queda algo: un muro de adobe aún está en pie (aunque esté firmado por un fan del Rubius). “Lástima… podría haber firmado en el muro de al lado, que no tiene tanta historia” dijo muy acertadamente alguien del grupo.Seguimos nuestro periplo para encontrarnos con Enrique Mijallo, que atesora en su persona una buena parte de la historia de Las Rozas. Sus anécdotas sobre el cine, el pilón, la cigüeña María, la antigua fuente donde se metían hasta los toros en los encierros… y su conocimiento del municipio no pasó desapercibida por los niños, que le frieron a preguntas. Pero su momento fue dentro del ayuntamiento (entre las miradas perplejas de los funcionarios), donde les enseñó su increíble maqueta del mismo (bueno, de la antigua Casa Consistorial) hecha de hierro fundido, ¡teja a teja!

Después de estos días, cuando estos niños vayan por nuestras calles, seguramente ya no las van a ver igual. Y sabrán apreciar aquellos rincones que guardan un pedacito de historia.

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