Puesto que no pudimos tener sesión en enero, este mes tuvimos doble proyección.
Por un lado, vimos Binta y la gran idea, un corto de Javier Fesser que forma parte del largometraje En el mundo a cada rato, producido con la colaboración de UNICEF, en el que cinco directores dan su visión sobre distintas realidades que afectan a la infancia. Binta y la gran idea muestra algunos de los problemas a los que se enfrentan los niños y niñas en el África subsahariana, desde la mirada inocente y optimista de su protagonista, una niña de siete años.
De esta experiencia, Fesser, el director de la película, ha dicho: “Era fácil intuir que haciendo una película a medias con un buen puñado de niños de una aldea perdida en el África subsahariana íbamos a aprender más nosotros que ellos. Pero nadie hubiera imaginado tanto. Ni tan hermoso. Ni tan útil. Ni tan imprescindible”.
Azur y Asmar
Además, el último viernes del mes vimos la película de animación Azur y Asmar, dirigida por Michel Ocelot, el director de Kirikú y la bruja.
Azur y Asmar es una fábula, un cuento de hadas que nos habla de tolerancia y convivencia, de racismo y prejuicios, de la dureza de la inmigración. Michel Ocelot nos regala una película de animación de una factura bellísima, que nos cautiva, no sólo por el argumento, sino por su magnífico e imaginativo uso de los colores y los volúmenes, tan diferentes a los del cine de animación comercial, que nos subyugan y hacen de esta película una más que recomendable propuesta, no sólo para niños sino para todo aquel que mantenga intacto su sentido de la maravilla.


En esta ocasión se proyectaron dos pelis.
Tim, un niño asustadizo que vive en un orfanato, se llenará de valor para resolver este desastre enfrentándose a su propia sombra, que es fruto de sus miedos. Para conseguirlo se sumergirá en una emocionante aventura a través de Nocturna, un mundo paralelo que surge cada noche cuando nos quedamos dormidos. Allí descubrirá a todos los seres y criaturas que hacen que la noche sea más o menos apacible, y con quienes emprenderá un fabuloso viaje para intentar rescatar a su estrella querida: Adhara.
Comenzamos la temporada de Cine y bizcochos con la proyección de la película de animación El gigante de hierro. A pesar de haberlo hecho un jueves (el viernes 31 era fiesta), fue un gran éxito y fuimos muchos los que pudimos disfrutar de este filme de Brad Bird, ambientado en la época de la Guerra Fría. El gigante de hierro narra, con gran ternura y un dibujo fresco y rico, el encuentro entre un niño de un pueblo estadounidense y un robot venido del espacio. Pero no se queda allí. Esta historia con buenas dosis de humor inteligente nos invita a reflexionar sobre el libre albedrío y el (sin)sentido de la carrera armamentista.
Nos despedimos de la «temporada» con un pase muy especial: las niñas y los niños pudieron (muchos seguramente por primera vez en su vida) ver una proyección en Super 8, con cortos de Charles Chaplin, Buster Keaton, La Pantera Rosa y el Pato Donald (muchas gracias, Elena). Pete acompañó esta sesión, muda, claro es, con música improvisada sobre la marcha. Fue toda una experiencia.
El viernes 25 de abril tuvimos la penúltima sesión de cine y bizcochos de este curso. Esta vez le tocó al documental de la BBC, TIERRA, un canto a la belleza de nuestro planeta y un recordatorio de la delicada fragilidad del lugar donde vivimos, nuestro único hogar. La verdad es que fue una tarde especialmente movidita, ya que por otro lado estuvimos haciendo otra actividad también relacionada con la tierra, aunque en minúsculas: el huerto. Entre el buen tiempo y la labor, fuimos pocos los que nos quedamos hasta el final de la película, para ver cómo acabó la aventura de la familia de osos polares que buscaban comida en el Ártico, antes del deshielo, o la de la elefanta y su cría, que tuvieron que compartir la escasa agua disponible con una orgullosa manada de leones. Invitamos a todos aquellos que no pudisteis acabar de verla o a los que nos estuvisteis en el pase a que os emocionéis con la película. Merece la pena, de verdad.
Esta ocasión le tocó el turno al cine documental, aunque se trató de uno muy especial. Proyectamos una filmación de los años sesenta sobre el circo del gran escultor Alexander Calder, que un buen día decidió confeccionar con los materiales que usaba magistralmente (trapo, madera, alambre, y alguna goma) una pista de circo sobre la que fue añadiendo los personajes de una compañía completa. Las niñas y los niños y, sin duda, también los mayores, pudimos asombrarnos, maravillarnos y reírnos con el mundo en miniatura, lleno de vida, de Calder, un mago-maestro de ceremonias, a medio camino entre niño-grande y experimentado cirujano del metal. Fue una película tierna, llena de frescura. Y todo esto, acompañado de los siempre deliciosos bizcochos que nos traen las madres (y algún que otro padre). Vivan los bizcochos. Y viva el cine.
Esta vez le tocó el turno a los dibujos animados. Una vez más, la tarde del último viernes del mes se llenó de alboroto, risas, magia, uno que otro llanto y riquísimos bizcochos caseros. Todos, los que ya la habíamos visto y los que lo hacían por primera vez, disfrutamos de Kirikú y la bruja, la hermosa película de animación de Michel Ocelot, al ritmo de la música envolvente de Youssou N’Dour.
El último viernes del mes, en una ya casi tradición, nos volvimos a reunir para compartir una tarde familiar de cine y deliciosos bizcochos y galletas caseros (una vez más, muchas gracias mamás y papás). Esta vez la película fue El globo rojo, del cineasta francés Albert Lamorisse. Fue muy bonito ver a los niños acompañar con sus risas y expectación la historia de amistad entre un niño y un globo rojo, en un mundo de soledad y cariño, de incomprensión y ternura, sin apenas palabras. Cualquiera que se pase por la «sala» las tardes de los últimos viernes del mes, se habrá dado cuenta de que no es precisamente la más silenciosa del mundo. No lo esperamos. Es más bien un espacio lleno de vida y movimiento y de momentos mágicos, donde los niños viven, sienten y se conmueven con el cine. Los aplausos al final son buena prueba de ello. Estad atentos a la película de febrero.
El último viernes de mes tuvimos una cita con el gran Charles Chaplin. La sala se llenó de gente con ganas de ver «una historia con una sonrisa y tal vez una lágrima», la de El Chico. Este clásico del cine volvió a conmovernos a los que ya lo habíamos visto y sorprendió a sus nuevos espectadores. Fue alegre, emocionante, escuchar reirse y aplaudir con muchas ganas a las niñas y niños, siguiendo las desventuras de Charlot. Además, todos pudimos compartir riquísimos bizcochos (gracias, mamás) que se nos quedaron cortos. Tal fue el éxito. Aunque en diciembre descansamos, en enero volveremos. Estad atentos.
En octubre empezamos con esta actividad, con la idea de compartir una vez al mes una tarde familiar de cine y bizcochos. El último viernes del mes pudimos ver la película coreana «Sang Woo y su abuela» de la realizadora Lee Jung-Hiang, a la vez que saboreamos riquísimos bizcochos caseros. La sala de proyecciones del colegio se llenó de alegría y bulla, que pronto se hizo silencio (vale, más o menos) para disfrutar de la peli.