Por fin llegó el segundo número de La Cascada, la revista del AMPA, uno muy especial. Es cierto que todo lo que se hace con cariño es especial, pero hay más razones para que este lo sea. Sus hacedores han sido las niñas y los niños del taller de periodismo. Nosotros estuvimos allí, es verdad, coordinando su trabajo, orientándolos (aunque en muchos casos es más lo que aprendimos de ellos), pero fueron los chicos y las chicas los que pusieron las ganas, la seriedad, el buen hacer, la mirada, la búsqueda, la reflexión. Algunos prefirieron ser redactores, otros se decantaron por las entrevistas y las encuestas y otros tantos por la parte gráfica y se transformaron en fotógrafos y/o ilustradores. Los más pequeños nos demostraron, una vez más, la fuerza de las ideas “pintadas”, la riqueza y la frescura que se tiene a los 3, 4, 5 años, para expresarlas. Por último, también participaron los mayores del colegio, creando el póster que viene en este número. Fueron los propios chicos y chicas de sexto los que decidieron el tema y su enfoque: el tiempo libre. A través de sus dibujos nos proponen una reflexión, llena de humor, sobre la esclavitud de los horarios (para ellos, para nosotros) que nos deshumaniza un poco y que a veces impide que nos detengamos a saborear plenamente la vida.


Esta ocasión le tocó el turno al cine documental, aunque se trató de uno muy especial. Proyectamos una filmación de los años sesenta sobre el circo del gran escultor Alexander Calder, que un buen día decidió confeccionar con los materiales que usaba magistralmente (trapo, madera, alambre, y alguna goma) una pista de circo sobre la que fue añadiendo los personajes de una compañía completa. Las niñas y los niños y, sin duda, también los mayores, pudimos asombrarnos, maravillarnos y reírnos con el mundo en miniatura, lleno de vida, de Calder, un mago-maestro de ceremonias, a medio camino entre niño-grande y experimentado cirujano del metal. Fue una película tierna, llena de frescura. Y todo esto, acompañado de los siempre deliciosos bizcochos que nos traen las madres (y algún que otro padre). Vivan los bizcochos. Y viva el cine.
Muchos ya habréis visto el mural por la paz (en la entrada del polideportivo al lado del colegio) que trabajamos junto a los niños y niñas de todos los cursos. Aprovechamos desde aquí para agradecer la colaboración de los que participaron en la creación mural y los que nos apoyaron en la tarea, que fueron muchos: la dirección del centro, los profesores, muchas madres y padres. Los que tomaron parte en la realización del proyecto nos cuentan que fue divertido, interesante y emocionante ver a los chicos disfrutando de pintar al aire libre, «contándonos» a través de sus dibujos lo que es la paz para ellos. Es una experiencia recomendable situarse un rato frente a lo que antes era un muro cualquiera y observar los paisajes, las figuras, las banderas, los símbolos, los colores, que sumados forman un conjunto alegre, luminoso, vital y pleno, en todo caso, nunca desapercibido. Creo que la idea que tuvimos al plantear esta iniciativa no puede ser mejor expresada que como lo hizo unos de los alumnos del cole con su profesora de arte, con la que estaban trabajando el constructivismo: ya lo había entendido, al colaborar en la creación del mural; se trataba de sumar las partes para construir un todo, de integrar el trabajo de cada uno, para crear una obra hecha por todos. Y para todos.
Esta vez le tocó el turno a los dibujos animados. Una vez más, la tarde del último viernes del mes se llenó de alboroto, risas, magia, uno que otro llanto y riquísimos bizcochos caseros. Todos, los que ya la habíamos visto y los que lo hacían por primera vez, disfrutamos de Kirikú y la bruja, la hermosa película de animación de Michel Ocelot, al ritmo de la música envolvente de Youssou N’Dour.
El día 12 tuvimos nuestro segundo taller de cocina. Esta vez le tocó el turno a los tentadores dulces marroquíes. Iman, una madre de la escuela, nos trajo una receta deliciosa y muy sencilla, que preparamos junto a los niños. No le faltaba de nada: galletas molidas, dulce de leche, chocolate, frutos secos. Los pequeños se divirtieron dándole forma de bolitas a la masa. Los dulces quedaron tan ricos que no sé si dejamos alguno para casa, tras la «clase». Fue una reunión muy agradable en la que además de aprender una nueva receta pudimos compartir un momento distendido, agustito. El próximo trimestre os convocaremos para un nuevo taller, del que ya os avisaremos con tiempo. Si hay algún voluntario o voluntaria que quiera mostrarnos las maravillas culinarias de su tierra, no tiene sino que decirlo.